EL NEOLIBERALISMO Y LOS SINDICATOS

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Omar Carreón Abud

El tema de hoy está relacionado con algunas de las causas de las abruptas y sorpresivas caídas de las principales bolsas de valores del mundo en la semana que inició el lunes 5 y, en días laborables, terminó el viernes 9 de febrero. Esa semana registró una caída generalizada de más de 5 por ciento en promedio en los valores negociados, es la más turbulenta desde el aciago año de 2008 y, en esos cinco días, salieron de los mercados de valores mundiales un aproximado de 5.2 millones de millones de dólares, lo que constituye una alarmante sacudida de todo el sistema de la máxima ganancia. El detonador de esta compulsión por deshacerse de acciones en todo el mundo, fue el hecho de que los inversionistas se enteraron de que los bonos del tesoro del gobierno norteamericano a 10 años, habían subido el interés que pagan al 2.9 por ciento, el punto más alto en los últimos cuatro años, lo cual fue interpretado como un aviso de que la época dorada del dinero barato estaba llegando a su fin. Asimismo, tuvo que ver, el anuncio oficial el viernes 2, en el sentido de que, durante el año 2017, en Estados Unidos, el salario había tenido un aumento real de 2.9 por ciento, aumento muy modesto, pero aumento al fin. Dinero más caro y salarios más altos, anunciaban menores márgenes de ganancia, de ahí que muchos de los que compran acciones (es decir, invierten en los negocios a través de la bolsa de valores), decidieran venderlas intempestivamente. Desde el año 2008, el pequeño crecimiento de la economía de Estados Unidos y otros países del mundo capitalista, se ha sustentado con tasas bajas de interés, durante algún tiempo, incluso, con tasa cero de interés, ello explica por qué la deuda pública del mundo entero ha subido en los últimos diez años hasta un 40 por ciento de su peso con respecto al Producto Interno Bruto global. En consecuencia, un aumento, aunque sea pequeño y paulatino en las tasas de interés, tiene y tendrá grandes repercusiones en la economía mundial dañando a numerosas empresas que ya tienen grandes dificultades para cubrir sus deudas con los bancos. Tampoco debe pasarse por alto el importante hecho de que, parte fundamental de la política neoliberal y, consecuentemente de la escandalosa concentración de la riqueza social en unas cuantas manos, se sustenta en una abolición universal de facto (y de jure también) de la lucha sindical, es decir, de la defensa de los trabajadores frente al capital. Hay una íntima relación entre el aumento de la concentración de la riqueza social y la disminución de las luchas de la clase obrera en el mundo. Por esa razón, un modesto aumento en el precio de la fuerza de trabajo, un ridículo 2.9 por ciento, derivado -por lo pronto- más que de la renovación de la lucha obrera, del aumento de la demanda de trabajadores (por el crecimiento económico) en Estados Unidos, puede válidamente ser considerado por el capital como un acontecimiento para alarmarse. En los orígenes del reciente modelo neoliberal se hallan brutales embestidas contra la resistencia de la clase obrera. En 1981, después de las primeras medidas neoliberales en Chile, el gobierno de Ronald Reagan, la emprendió en contra de los controladores aéreos de la Professional Air Traffic Controllers Organization (Patco), despidió de un golpe a 11 mil 345 trabajadores y les prohibió de por vida volver al servicio del gobierno federal; siguieron luego, rompimientos de huelgas y destrucción de sindicatos, durante más de 10 años en la industria metalúrgica, automotriz, minera y de transporte, entre otras más. Margaret Tatcher, primera ministra británica y otra artífice del modelo neoliberal, habría de hacer lo propio, rompiendo violentamente la huelga minera de 1984-85. La lucha de resistencia obrera no se encuentra su mejor momento, han sido muchos años de represión, manipulación y liderazgos traicioneros y vendidos. No obstante, la clase obrera no ha renunciado a mejorar su destino, ya que, también, han sido muchos años de sacrificio y de disminución constante de sus niveles de vida, casi 40 años de empeoramiento paulatino. No debe sorprender, pues (y, según yo, así lo registran los personeros del capital) que en días pasados, en Alemania se hayan librado importantes batallas que han involucrado a cientos de miles de obreros de las más importantes empresas. Precisamente, el vienes 2 de febrero -por los días de las sacudidas de la bolsa que venimos comentando- concluyeron varios paros de un día en las industrias del metal y de la electricidad (sólo en las líneas de ensamble de la rama del metal, el sindicato IG Metal, calculó 97 compañías paradas con la participación de 304 mil trabajadores); la participación total en los paros que habían empezado dos días antes, se calcula en medio millón de obreros. La inconformidad obrera vive, la resistencia no está muerta y puede levantarse como un gigante en cualquier momento. No puede darse por terminado este comentario, sin hacer referencia a la lucha de miles de trabajadores en el estado de Michoacán. “Atan hebras sutiles a las cosas distantes”, escribió Enrique González Martínez. La convivencia, las diarias noticias de la lucha de los maestros y trabajadores de la UMSNH, de la Secretaría de Educación, del Colegio de Bachilleres, de los empleados del gobierno estatal, de la Secretaría de Salud, de los empleados del Hospital Civil, de los del Hospital Infantil, de una larga lista de afectados, tiene en el fondo las mismas causas y, por tanto, me animaron a tratar de analizar el fenómeno en su esencia, mostrar las conclusiones y, por supuesto, externar mi solidaridad. Los trabajadores que reclaman -no aumentos salariales- sino pago de los salarios ya devengados, no son abusivos, ninguno de los que los atacan ha demostrado que tengan un nivel de vida comparable al de los grandes apropiadores de la riqueza social, es más, nadie ha podido demostrar siquiera que sus niveles de vida hayan subido en los últimos 30 años, al contrario, el deterioro de sus ingresos reales, corre paralelo al deterioro de los ingresos reales de todos los trabajadores de México y del mundo. Tampoco me hago eco de las burlas que se tiran sobre ellos porque reclaman en pago de lo que se ha llamado “bonos”, “prestaciones” o pagos de “una sola vez”, puesto que si su salario se ha fragmentado, desmembrado hasta pequeñas fracciones ocasionales ha sido, precisamente, por el avieso propósito de negarlas o cancelarlas definitivamente en cuanto convenga al interés de los hombres del poder; quienes se negaron en su momento a incorporar esos ingresos de pleno derecho al salario real, preparaban la represión posterior; no hay otra manera de ver la negativa de las autoridades que, incluso, argumentan que esos pagos “no están reconocidos” o que ellos “no los firmaron”. No estamos solamente ante la corrupción, los excesos, la mala planeación o la inquina de tales o cuales autoridades (aunque todo ello esté presente), estamos ante una política bien pensada y bien planeada para incrementar estratosféricamente las ganancias del capital a nivel mundial, nacional y estatal. Se trata, pues, de una fuerza grande que debe ser enfrentada con otra fuerza grande que es solamente el pueblo organizado y consciente. Derivado de ello, considero que debe evitarse a toda costa malquistarse con el pueblo, agredirlo o hacerlo que se sienta agredido, ni las instituciones educativas ni los hospitales son fábricas, ni los estudiantes ni los pacientes son mercancías; la lucha de los trabajadores de esos centros no se desdora ni se debilita si se emprende tomando estos importantes factores en consideración. La ilegalidad, por su parte, tampoco fortalece la protesta, arriesga la libertad de los participantes y los deja inermes ante los ataques mediáticos. Las luchas por gremios o por sectores, las que desdeñan o miran con recelo la participación del pueblo, o están condenadas al fracaso o, en el mejor de los casos, van a arribar al mismo punto en el que están ahora. Opino, modesta, pero con convicción firme, que no hay otro camino que cambiar el modelo económico por uno que tome muy en cuenta a los trabajadores de todo tipo, un modelo económico que extermine la pobreza. Y eso es tarea que sólo puede realizar, repito, el pueblo organizado y consciente. Se trata de un proyecto perfectamente necesario y, sobre todo, posible.

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