En grave riesgo los ecosistemas del mar

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Las misiones Apolo de la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA) produjeron las primeras imágenes de nuestro planeta hace casi 50 años, desde entonces la vastedad del océano llamó la atención y los científicos comenzaron a documentar a este ecosistema como parte esencial de nuestro planeta. Los mares cubren casi tres cuartas partes de la superficie de la Tierra y alcanzan los mil 300 millones de kilómetros cúbicos.

El océano se encarga de que los ecosistemas de la Tierra se mantengan sanos y productivos. Contribuye a la existencia de vida en el planeta y es el mayor ecosistema único del mundo. Diversos informes de las Naciones Unidas y estudios científicos han subrayado la interconexión entre el clima y los sistemas oceánicos, así como el papel fundamental que desempeñan los mares a la hora de protegernos de los impactos del cambio climático.

En la actualidad, la capacidad del océano de proporcionar servicios ecosistémicos esenciales se encuentra en peligro, ya que cerca del 30 por ciento de las poblaciones de peces están definidas como sobreexplotadas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

Es así como la explotación persistente afecta gravemente a la diversidad biológica marina, llevándola a límites de colapso y extinción local de varias especies. La utilización de métodos de pesca no selectivos resulta en grandes cantidades de capturas incidentales de muchas variedades que no son el objetivo, se estima que esta situación está cerca del 40 por ciento del total de la captura mundial, lo que incluye más de 600 mil mamíferos marinos y 85 mil tortugas por año.

Organizaciones ambientales alertan que muchas de las especies de pescado que consumimos podrían desaparecer en el futuro, debido a los volúmenes de captura actuales y el uso de técnicas de pesca no selectivas y destructivas que causan profundos daños.

La pesca en alta mar se caracteriza por la sobrecapacidad que “puede describirse como demasiados buques intentando pescar demasiados pocos peces”, apunta la Comisión Océano Mundial. Esta suficiencia excesiva de pesca se hace evidente con la flota mundial que es actualmente 2.5 veces mayor de lo necesario para sustraer de forma sostenible las reservas mundiales de pescado, lo que a su vez conlleva el agotamiento de fuentes de alimento de muchos de los pueblos costeros más pobres del planeta.

En el pasado los mares estaban naturalmente protegidos por su propia inaccesibilidad, o por lo menos este principio prevalecía cuando se firmaron los acuerdos de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar o CNUDM), considerada como la constitución para el océano. “En la actualidad no existe prácticamente ningún rincón del océano al que los buques pesqueros industriales no puedan acceder, la explotación marina de gas y petróleo se va expandiendo y adentrando a mayor profundidad cada año y la extracción minera de aguas profundas se está convirtiendo rápidamente en una realidad”, indica el Estudio del Declive a la Recuperación, un Plan de Rescate para el Océano Mundial, de la Comisión Océano Mundial.

Aunado a esto, los ecosistemas marinos se ven afectados por el aumento en la absorción de dióxido de carbono, que asciende a una cuarta parte del que se libera a la atmósfera, lo que está provocando la acidificación de sus aguas; además, el 90 por ciento del calor atrapado en el sistema planetario por las emisiones de gases de efecto invernadero se almacena en el océano.

Los impactos potenciales de las perforaciones submarinas para el medio ambiente, incluyen molestias para las poblaciones de peces y mamíferos marinos durante las prospecciones sísmicas, y la contaminación debido al escape de sustancias al realizar esta actividad. Los datos de la Comisión Océano Mundial señalan que entre el 33 y el 25 por ciento del petróleo consumido en el mundo proviene de zonas submarinas.

Por otra parte, millones de animales marinos, entre ellos las ballenas migratorias, los delfines, las tortugas, aves marinas, focas, dugongos, tiburones y rayas, resultan heridos cada vez más o incluso muertos por la ingestión o atrapamientos ocasionados por desechos provenientes de tierra firme, evidencia el informe Las especies migratorias, los desechos marinos y su gestión, presentado en noviembre durante la Undécima Conferencia de las Partes, de la Convención sobre las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS) del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, por sus siglas en inglés).

Ante esta situación, las malas prácticas de gestión de los residuos quedan en evidencia, “la comunidad internacional debe responder al creciente problema de los desechos marinos y tomar acciones decisivas para reducir la amenaza que suponen para muchas especies migratorias y para el equilibrio ecológico de los océanos en su conjunto”, declaró el secretario ejecutivo de la CMS, Bradnee Chambers.

A su vez, en diferentes informes los científicos recomiendan evitar que los residuos lleguen al medio marino como uno de los modos más eficaces de afrontar este problema. Se estima que 192 especies, entre las que se encuentra el 45 por ciento de los mamíferos marinos, incluyendo al 58 por ciento de las focas, el 21 por ciento de las aves marinas y todas las tortugas marinas, se ven afectadas por el atrapamiento.

La ingestión de desechos es un riesgo inminente para las especies, el 26 por ciento de todos los mamíferos muere por su ingestión, el 38 por ciento de las aves marinas y el 86 por ciento de todas las especies de tortugas fallece. Un estómago lleno de plástico impide a las aves acumular la grasa necesaria para cruzar el mar o el desierto. La proporción de polluelos de albatros de Laysan que ingieren plástico es del 97 por ciento, refiere el informe de la CMS.

Boyan Slat, fundador y CEO de The Ocean Cleanup, declaró que “en las últimas décadas, la contaminación plástica de los océanos se ha convertido en una gran amenaza para la economía, el medio ambiente y la salud humana. Al igual que las especies migratorias, la contaminación por plásticos no conoce fronteras. Por ello, se necesita con urgencia la colaboración global para la adopción de soluciones tecnológicas y legislativas”.

En algunas poblaciones, hasta el 65 por ciento de los animales muestran signos de haber quedado atrapados en desechos marinos en el pasado. En los cachalotes, la ingestión produce el aplastamiento de los intestinos, con la consecuencia de muerte. Las ballenas dentadas suelen ingerir desechos mientras juegan o se alimentan. Se conocen casos de delfines mulares y cachalotes asfixiados tras ingerir redes de pesca. Por lo que se necesita incentivar el uso de materiales naturales, conseguir una mejor gestión de residuos y promover la sensibilización de los consumidores, entre otras alternativas de solución.

La brecha entre la articulación de leyes y su implementación es grande, los jefes de Estado y de gobierno se comprometieron en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (CMDS) a crear redes representativas de Áreas Marinas Protegidas (AMP) para 2012, pero cuando se llegó a la Cumbre Río+20 celebrada en ese mismo año, quedó en evidencia el poco progreso hacia la consecución de dicho objetivo. En la actualidad las AMP cubren menos del 1 por ciento de alta mar.

Entre los objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para el Océano se encuentra la importancia de garantizar que todas las poblaciones de especies explotadas lo sean de manera sostenible, también proteger las zonas marinas vulnerables, reducir la pérdida de biodiversidad, acabar con la pesca ilegal y reducir los residuos plásticos que entran en el medio marino.

Fuente: Teorema Ambiental, imagen

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